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La paradoja del tiempo: Cómo alargar la vida sin perder su sentido

27 sept 2026

Día tras día elementos de la sociedad y nosotros mismos bombardeamos nuestra vida con cosas que no merecen la pena. Este tiempo perdido acorta la vida e impide que vivamos conforme a nuestros valores y objetivos. En este artículo explico por qué el tiempo es tan importante, qué propiedades temporales tiene la vida, qué o quién nos roba tiempo y cómo evitarlo.

1. Por qué he decidido escribir este artículo

Hace poco leí el libro El tiempo de Stefan Klein. En él, el autor explica de forma exhaustiva qué es el tiempo y los diferentes «tipos» que hay: desde el tiempo «objetivo y colectivo», determinado por la duración de 9.192.631.770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133 a una temperatura de 0 Kelvin, hasta el tiempo vital (determinado por nuestros procesos biológicos) y el tiempo mental (determinado por la velocidad con la que vivimos y qué actividades hacemos). También explica que hasta el tiempo más universal, el determinado por el cesio 133, es relativo. La relatividad especial y general así lo explican: la velocidad y las masas alteran la percepción del tiempo. Y sí, digo la percepción porque entendemos el tiempo solo percibido por un sujeto. Aunque todo esto es realmente fascinante, a nivel cotidiano no nos afecta mucho. Este libro sin embargo también entra en el plano de lo cotidiano y filosófico. Explica cómo podemos «moldear» el tiempo y por qué perdemos tanto tiempo, y me ha hecho darme cuenta de que no apreciamos el tiempo lo suficiente, ¿pero por qué apreciarlo? ¿Cómo deberíamos usarlo?

2. Qué es la vida y cuáles son sus propiedades temporales

Todo lo que pensamos, sentimos, percibimos y cómo nos movemos o interactuamos con el exterior es gracias a que estamos vivos. Lo más fundamental que poseemos y a partir de lo cual viene todo lo demás es la vida. Es importante entender esta relación causa-efecto en esa dirección, es decir, que si hacemos o poseemos una de las capacidades mencionadas, estamos vivos, ya que todo depende del sujeto, y ese sujeto requiere de energía y procesos biológicos para realizar las acciones mencionadas, que a su vez solo se ejecutan si el sujeto está vivo. En el otro sentido esta relación no funciona, o sea que si estamos vivos, no tenemos por qué pensar, sentir, movernos o percibir. Piensa en una persona en coma, con parálisis cerebral o muscular, con enfermedades mentales o físicas que afectan a la percepción y/o sensibilidad, o una persona ciega, sorda o muda. Incluso piensa en alguien que se dedica a ver la televisión doce horas al día . Todas ellas están vivas, pero no están ejerciendo estas facultades. Un pequeño punto: en biología la vida se define como la capacidad de nutrirse, relacionarse y reproducirse. Este plano de la vida se refiere a las funciones más básicas de un ser vivo. Por eso en todos los casos mencionados anteriormente la persona está viva desde un punto de vista biológico, pero probablemente diríamos que se está perdiendo ciertos aspectos de la vida. Por eso yo a partir de ahora me voy a referir a la vida biográfica, a tener una historia personal y modificar su transcurso. En este sentido, si pensamos, sentimos… además de vivos biológicamente, estamos de alguna forma modificando el universo y a nosotros mismos.

Asumimos entonces que todo depende de que estemos vivos o no (en el sentido biólogico). Pero voy más alla: todo lo que merece la pena (las acciones antes mencionadas) depende del sentido biográfico de la vida, y en general preferimos todo a nada (la vida a la muerte), a partir de ahora asumimos que la vida biográfica es mejor que la muerte. Ahora debemos descomponer esta vida en algo más simple. Efectivamente, la vida es por definición un periodo de tiempo con un principio y un final (al menos en el caso de los humanos y en el presente). Por ello la vida está estrictamente determinada por dos propiedades: cuánta duración tiene y cómo llenamos de ‘cosas’ esa duración. En efecto, toda acción y decisión consciente en lo más profundo está dirigida a maximizar ambas, o al menos una de ellas. Para hacer tal afirmación debemos asumir una última cosa: tenemos cierta libertad y consciencia, lo que nos permite de forma deliberada tener un efecto sobre estas propiedades. Obviamente existen enfermedades mentales, manipulación, esclavismo, adicciones o simplemente obligaciones en las que el individuo no puede pensar de forma libre y consciente al completo. Sin embargo, el 99% de las personas (incluyendo personas en las situaciones mencionadas) tenemos cierto poder de decisión y acción. Las acciones o decisiones que tomamos libremente tienen un motivo que podemos explicar, y que forzosamente tiene que ver con cómo aumentar la duración de la vida y/o cómo mejorar nuestro uso del tiempo.

3. Objetivos ligados a las propiedades temporales

A raíz de la conclusión anterior (es mejor la vida a la muerte), es lógico que para maximizar la primera propiedad debemos aumentar la duración de la vida. ¿Pero qué podemos decir de la segunda propiedad? Aquí la subjetividad y los valores personales entran en juego. Pero entonces podrías preguntarte, si sabemos que lo mejor es aumentar el tiempo de vida, pero es difícil determinar cómo vivirla, ¿por qué no ponemos todo nuestro esfuerzo en aumentar la duración de la vida? Para convencerte de que nadie actúa así, observa a cualquier persona que admires o que consideres exitosa e inteligente. Apuesto todo mi dinero a que puedes decir al menos una acción (aunque deberías ser capaz de decir decenas si realmente conoces a la persona) que esa persona realiza o ha realizado libre y conscientemente que no contribuye a alargar la vida de forma directa (entretenerse con algo que no es malo directamente, socializar…) o que directamente la acorta (adicciones, actividades de riesgo o incluso llevar el cuerpo al límite en una competición deportiva). Esto quiere decir que todo el mundo, en ciertos momentos, antepone maximizar el uso del tiempo antes que alargar la vida, incluso si alargarla es más ‘seguro’ o ‘fiable‘. No obstante, no me voy a contentar con argumentar usando la generalización, ya que no porque nadie actúe de cierta forma significa que esa forma sea imposible o mala. El tema es que es natural que existan valores relacionados a cómo usamos el tiempo más importantes para nosotros que alargar la vida. Por ejemplo, mucha gente, incluido yo, anteponemos la felicidad e incluso la excelencia a aumentar la duración de la vida. Preferimos vivir una vida feliz y de realización personal antes que una vida larga, triste y con cero logros. Por lo tanto, lo más lógico es hacer un balance entre duración de la vida y uso del tiempo. Pero, ¿cómo hacemos eso?

Podríamos caer en la trampa de definir valores comunes bajo los que todo el mundo intenta maximizar el uso de su tiempo vital y la duración de la vida: inteligencia, felicidad o salud, pero esto es una generalización. Un chico podría argumentar que lo que quiere para su vida es jugar videojuegos todo el día, porque prioriza el entretenimiento, la felicidad momentánea y la vida social característica de los videojuegos a mejorar la inteligencia, construir un buen físico o alcanzar la estabilidad económica. Sin embargo, en este caso los dos objetivos (duración y cómo llenamos esa duración) se perjudican entre ellos: este chico quiere llenar su vida con videojuegos, pero eso acorta su vida; al contrario alargar la vida significaría menos videojuegos. Ante un conflicto de los objetivos vitales él ha priorizado la felicidad que le provoca jugar videojuegos . ¿Pero y si hubiera una forma de que los dos objetivos vitales no entren en conflicto? Como no es posible cambiar las reglas o acciones que alargan la vida (deporte, alimentación, sociabilidad, actividad mental…), la clave está en elegir valores que según tú maximicen el uso del tiempo, pero que a la vez no entren en conflicto (o al menos no constantemente) con alargar el tiempo de vida. En el ejemplo de un atleta profesional, probablemente está aumentando su tiempo de vida más que un drogadicto, y además está maximizando su uso del tiempo según sus valores, pero al llegar a extremos de competición, pone en riesgo su salud, lo que acorta su vida. Por ello es imposible en cada acción seguir una vida perfectamente saludable y a la vez seguir pasiones y buscar la excelencia. ¿Cómo conseguimos entonces un balance positivo?

4. Cómo elegir valores que se alineen con las propiedades temporales de la vida

Como primer paso, podríamos extraer las acciones o valores que hacen que la vida se alargue (que son inmutables y científicos/objetivos) y convertirlos en nuestros propios valores (que son moldeables y subjetivos). Así estaremos alargando la vida. Algunos de estos valores/acciones son: actividad física, actividad mental, alimentación saludable, relaciones sanas, no adicciones. Después consideramos aquellos valores y objetivos relacionados con nuestra realización vital (uso del tiempo) que nos lleguen a la mente. Por ejemplo, si la excelencia es uno de ellos, podría estar relacionada con tener una empresa exitosa, ser el mejor futbolista o ser el mejor matemático del mundo. Otro valor podría ser la creatividad o expresión de uno mismo, que está relacionada con ser artista o influencer. En efecto, muchos objetivos o acciones pueden estar ligados a un valor, y en esas acciones y objetivos nos vamos a fijar en la práctica para llegar al valor Este tipo de valores son también esenciales y deberían ser considerados igual de importantes que los que alargan la vida.

5. Ladrones de tiempo: Por qué desperdiciamos la vida y cómo evitarlo

El problema, en general, no está en encontrar los valores, sino ponerlos realmente en práctica y en equilibrarlos para que no se pisen los unos a los otros. Como mencioné antes, tenemos cierta libertad y capacidad de decisión, pero estas son violadas constantemente en nuestras vidas de las formas más sutiles posibles. Algunos ejemplos son: el trabajo que te roba el tiempo para hacer lo que realmente se alinea con tus valores, la pareja que ‘inconscientemente’ (o no) influencia tu forma de pensar y actuar, la situación económica nacional y familiar que te impide centrarte en lo que te gustaría… Todos tenemos este tipo de ‘ladrones’ de libertad, consciencia y tiempo (concepto sacado del libro de Stefan Klein) que nos dificultan poner en práctica nuestros valores, pero nuestra mentalidad no nos permite darnos cuenta de que siquiera existen. Creemos que el tiempo es un activo más (como el dinero) que se puede ganar, gastar, invertir o perder en cualquier momento. Pensamientos como «todavía soy joven», «solo diez años hasta jubilarme y hacer lo que quiero», «trabajo cinco días a la semana para poder descansar dos» o «me merezco unas horas de móvil» blanquean los ladrones de tiempo y libertad. Ojo, no digo que descansar sea malo, digo que muchas veces creemos que hemos hecho algo productivo (cuando no lo es porque no se alinea con nuestros valores y no nos acerca a nuestros objetivos), y como ‘recompensa’ perdemos todavía más tiempo. Occidente está lleno de estos ladrones de tiempo: redes sociales, ludopatía, videojuegos, drogas… En una sociedad tan avanzada y cómoda, los ciudadanos se han vuelto vulnerables a ellos. Y el mayor problema no es que existan o que haya muchos, sino que no somos conscientes del daño que hacen, y si lo somos blanqueamos su efecto. ¿Pero entonces cómo podemos detectarlos y librarnos de ellos?

Para acercarnos en la práctica a lo que son nuestros valores y equilibrarlos entre ellos debemos reflexionar y tener el control de nuestro tiempo. Reflexionar nos ayuda a determinar esos valores que alargan y mejoran la vida y que guían nuestras acciones, y permite que encontremos aquellos objetivos y acciones precisas que nos predisponen en esa dirección y aquellos ladrones de tiempo que nos alejan. En segundo lugar, yo definiría el control como la capacidad de reconocer que todas nuestras acciones y decisiones tienen un motivo y que les hemos dedicado un tiempo conscientemente. De esta forma, si hemos llegado a la conclusión tras reflexionar de que una acción o decisión es positiva según nuestros valores, deberíamos realizarla. Además solo deberíamos realizar este tipo de acciones premeditadas y consentidas (siempre que tengamos la libertad para ello), lo que nos salvará de los ladrones de tiempo. Un pequeño apunte: es posible que este tipo de acciones, aún siendo premeditadas, dañe algunos de nuestros otros valores (como el atleta que lleva el cuerpo al máximo). Sin embargo, si el daño es menor y/o es reversible con otra acción/decisión, no debería haber problema.