No quiero ser un jugador profesional

Introducción

Como ya sabéis, llevo jugando al ping pong desde hace muchos años y, federado, desde hace dos. Me encanta este deporte y pienso seguir con él, de hecho ya forma parte de mi personalidad. El ping pong es algo que me caracteriza, es un deporte muy poco conocido en España que me hace reconocible a los ojos de los demás. Si conozco a alguien muy probablemente le digo que entreno ping pong porque no me da vergüenza, de hecho estoy orgulloso. Además, será una de las cosas que se le quedará grabada a la persona de mí. A todo el mundo le parece curioso que practique ping pong de forma «seria», la cosa es que yo no me quiero dedicar a ello. Y la gente se preguntará, ¿por qué practicas un deporte poco reconocido en España de forma seria si no es para dedicarte a ello? Porque claro, podría dejar de «perder el tiempo» con el ping pong y dedicarme a otro deporte más reconocido como podría ser el fútbol para ganar dinero, ser más conocido o ligar. No me importan esas cosas, tampoco me importa ser el mejor o no, yo juego por otras razones. Aunque yo no juego ping pong profesionalmente, sí compito y quiero mejorar como jugador. El ping pong me permite las siguientes cosas:

Mantenerme activo

El punto es que en mi caso no juego al deporte para llevarme algún beneficio material o prestigio (aunque lo respeto completamente y obviamente los deportistas profesionales se dedican a ello para ganar dinero y porque les gusta). Yo juego al ping pong para mantenerme ejercitado, porque me lo tomo en serio y sé que este deporte puede llegar a ser muy exigente aunque la gente no lo crea. Me gustan mucho los deportes rápidos y con acción, por eso me gusta el esquí, el pádel, el fútbol, el voleibol… Y por supuesto el ping pong, que tiene muchísima acción en todo momento. Por eso el ping pong es un buen ejercicio de cardio que me mantiene activo.

Demostrarme que soy capaz

Por otro lado, el ping pong es mi manera de demostrarme que soy capaz de todo. Como en cualquier deporte, en el ping pong tienes que entrenar mucho y bien para mejorar. Cuando mejoras ganas más partidos, y cuantos más partidos ganas, te ves más capaz. En efecto, el ping pong mejora mi mentalidad mucho, me demuestra que con esfuerzo y confianza puedo lograr mis objetivos. La satisfacción que da ganar a un rival por primera vez después de haber entrenado y perdido mucho contra él es la enseñanza más valiosa. En este aspecto, obviamente se fortalece mucho más si eres un jugador profesional, el problema es que yo no tengo tanto tiempo ni ganas ni un «don» para el ping pong. Creo que soy capaz de llegar a un buen nivel con lo que entreno ahora tomándomelo en serio, pero creo que no soy capaz de llegar a un nivel profesional con lo que entreno ahora (4h y media por semana aunque en vacaciones no entreno). Y como no quiero que me consuma más tiempo, de momento me quedo muy contento con que sea mi hobby.

Despejarme

El ping pong me relaja mucho y me hace evadirme del estrés del instituto o de otros problemas. Claro, quiero que me relaje, no que me estrese, y por eso tampoco quiero dedicarme a ello. No quiero estar preocupado de ganar partidos y torneos para poder vivir de ello. Prefiero disfrutar del deporte, de cada partido y de cada golpeo a pesar de no ganarlos todos, porque esa es la magia del deporte en mi caso: me hace centrarme mucho más en los estudios y a la vez olvidarme de ellos por un rato haciendo deporte sin exigirme excesivamente.

Conclusión

Pienso que hay una gran diferencia entre competir en un deporte y dedicarte a ello: para competir necesitas tener ganas; para dedicarte a ello ser muy bueno, echarle muchísimas horas y sacrificar muchas cosas, lo cuál puede ser muy abrumante. Yo estoy en el primer grupo y pienso seguir ahí porque lo que yo busco en este deporte puede suplirse simplemente con competir y mejorar a mi ritmo, sin estrés ni presión.

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